miércoles, 27 de abril de 2005

Manteniendo la respiración

Ya han pasado dos meses y sigo sin saber que pensar.
Es como si mi mente no se atara a ninguna postura como si estuviera manteniendo la respiración.
Quizás es esa exactamente la sensación.
Es como cuando coges aire para lanzarte a la piscina y notas como el pecho se te llena, notas la presión en las costillas y el diafragma pero no puedes soltarlo y volver a la normalidad.
Cuando pasó huí de mi casa, no quería tener que dar explicaciones a las visitas de cortesía ni tener que aguantar que me miraran con lástima.
No soportaba que mi abuela dijera lo bien que me había portado o que nunca iba a poder agradecérmelo.
Sigo sin querer oírlo.
El lunes me encontré de repente teniendo que dar la misma explicación, las mismas frases hechas que han perdido todo su significado de tanto repetirlas.
Hace ya mucho que han dejado de ser un consuelo.
Durante este tiempo no he querido volver a pensar en ello. Cuando voy a ver a mi abuela y me siento un rato a su lado creo que evito mirar la habitación.
Pasamos muchas horas allí y a final se había convertido en un hospital.
Después llego la mereth y creo que me impliqué tanto porque no podía dejar de hacer cosas, bajar el ritmo.
Ahora ya se ha terminado y me sobra el tiempo para pensar en lo que ha pasado.

He intentado olvidarme de los últimos días, de aquella tarde, de la noche en el tanatorio y del cementerio.
Creo que soy la única de los que estuvimos allí que no ha vuelto. Si intento ser racional ,sé que él no está allí pero también sé que no quiero volver y hundirme de nuevo.
Los he tenido a los cuatro tanto tiempo que ahora que él se ha ido me he dado cuenta de repente que los demás también están ya viejos y que cualquier día también se morirán.
Para esto siempre he sido de reacciones lentas. A mi siempre me ha dado el bajó cuando los demás empiezan a superarlo.
Aún no he aceptado que se ha ido pero creo que tampoco he aceptado que se puso enfermo y que desde hacía un par de años no sabía quien era yo.

No quiero que llegue el momento en el que no recuerde como sonaba su voz o que se me olvide la expresión pícara de sus ojos a pesar de la enfermedad.
Guardo una foto suya de antes del Alzheimer, de cuando era de verdad él.
De cuando nadaba más lejos que nadie, de cuando nos reñía por dejarnos comida en los platos, almacenaba comida y me preguntaba como me iba el cole aunque ya estaba en la universidad.
Tengo una foto en al que salimos juntos cuando yo era un bebé.
Yo era su primera nieta y estaba orgulloso de ser abuelo. Por aquel entonces era él quien me cuidaba y ojalá nunca se hubiera puesto tan enfermo y hubiera tenido yo que cuidarlo del modo en que lo hice.
Creo que en la casa vieja aún está guardada la botella de Licor 43 de cinco litros.
Cuando era pequeña siempre le preguntaba que porque no la abría y siempre me respondía que estaba esperando al día de mi boda. Hace años que está estropeada pero espero que nadie la tire.

No sé si debería haber escrito algo tan personal aquí pero es una manera de sacarlo fuera. Aún me cuesta hablar de ciertas cosas, están agarradas dentro y no se como sacarlas.

2 comentarios:

Ulmo Vailimo dijo...

:( , desde luego es duro perder a un ser querido. Y haces bien en sacarlo fuera , donde puedas..;)

Ilmendil dijo...

He tenido la suerte de poder compartir los malos momentos con mi gente y ellos me han ayudado muchísimo pero lo que me dá fuerzas es saber que donde quiera que esté ahora se acuerda de todo.Muchas gracias ;)